28/05/2026

Clasificación de los trastornos mentales
En el año 2013, la APA publicó la quinta edición de su Manual de Diagnóstico y Estadística de Enfermedades Mentales, conocida con las siglas DSM-5, que se encargaría de verificar la clasificación psiquiátrica existente hasta el momento, el DSM IV-TR.
Clasificar es sinónimo de agrupar. Las enfermedades mentales se clasifican según un criterio preestablecido. Para llevar a cabo esta tarea de forma efectiva, es necesario conocer las peculiaridades de cada trastorno, así como las características comunes de todos ellos.
Este manual incluye estadísticas de la población más afectada por un determinado trastorno, la edad usual de inicio, su prevalencia y la descripción de los síntomas, además de los criterios concretos que son necesarios para el diagnóstico de los trastornos mentales. Estos criterios son las reglas a través de las cuales se adquiere un juicio clínico. Además, permite y facilita la comunicación y el entendimiento entre los distintos profesionales de la salud al convertirse en un lenguaje común y puede utilizarse también en la investigación y en la docencia.
Aunque en el DSM-5 se presenta una evaluación no axial, es decir, sin ejes, en versiones anteriores del DSM al utilizarse como método de diagnóstico clínico, se establecía una evaluación multiaxial a través de ejes. Estos ejes son:
- Eje I: Descripción del trastorno mental y la sintomatología existente.
- Eje II: Identificar la presencia de trastorno de personalidad.
- Eje III: Definir otras patologías médicas.
- Eje IV: Describir los problemas sociales del paciente, tales como el desempleo, el duelo, etc.
- Eje V: Evaluación global del funcionamiento del paciente.
Recientemente, la APA ha publicado una versión revisada y que lleva el nombre de DSM-5 TR e incluye bastantes novedades, entre otras, la introducción de un nuevo trastorno, “el trastorno por duelo prolongado”, el aporte de códigos para identificar el comportamiento suicida y las autolesiones no suicidas, el análisis sobre el impacto del racismo y la discriminación en las patologías mentales, etc. Además, se revisaron y aclararon los criterios para el diagnóstico clínico de diversos trastornos mentales.
Trastornos más frecuentes en niños
Trastorno de ansiedad
Presenta una prevalencia entre el 3-31%. La existencia de este tipo de trastorno en los niños está ocasionada por los miedos o las preocupaciones que alteran su capacidad de participación en los juegos o la interacción en las situaciones sociales características de su edad. La depresión y la ansiedad suelen convivir con los trastornos de somatización.
Los trastornos de ansiedad en los niños abarcan: Trastorno de ansiedad social o fobia social (miedo o fuerte ansiedad que se produce en situaciones sociales en las que el niño puede ser sometido a un posible análisis por parte de los demás), trastorno de pánico (crisis inespecíficas de ansiedad que presentan un inicio brusco y que se manifiestan con sensación de asfixia, miedo a morir, sudoración, taquicardia, mareo, etc), agorafobia (miedo a lugares y situaciones determinados en los que el niño considera que tiene dificultad para escapar; por ejemplo, el transporte público o sitios abiertos y/o cerrados), trastorno de ansiedad por separación (ansiedad excesiva que se produce al separarse de los padres u otras personas con vínculo afectivo), trastorno de ansiedad generalizada (ansiedad desmesurada ante la vida. Es de larga duración, por lo que acaba ocasionando disfunción en diversas áreas), mutismo selectivo (incapacidad para hablar en determinados entornos sociales) y fobia específica (miedo o ansiedad intensa que se presenta ante objetos o situaciones concretas).
La ansiedad se considera una reacción normal defensiva ante situaciones amenazantes, pero es necesario distinguir la ansiedad normal y la patológica. Esta última se caracteriza por la aparición de malestar intenso sin causa aparente que lo justifique. Está acompañada de miedo a morir, a volverse loco, etc.
Los síntomas que pueden aparecer en este trastorno son: Insomnio, comportamientos anormales durante el sueño (somniloquia), tensión muscular, cefalea, temblores, etc.
La ansiedad y los trastornos que derivan de ella conforman el primer diagnóstico psiquiátrico en la infancia y en la adolescencia y se relacionan con la existencia de problemas académicos y sociales, depresión e incluso el intento de autolisis y el consumo excesivo de sustancias en la edad adulta.
Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)
Consiste en una modificación del neurodesarrollo que, como se puede intuir por su nombre, cursa con inatención, hiperactividad e impulsividad (síntomas cardinales). Su prevalencia es de un 2-12%.
Los niños que presentan este trastorno muestran dificultad para prestar atención a ciertos estímulos, organizar un hecho, meditar sobre las consecuencias de las actuaciones, así como inhibir la reacción automática para llevar a cabo una respuesta adecuada a una determinada situación.
Es importante diferenciar el TDAH de la inatención, hiperactividad e impulsividad que pueden producirse por la edad del niño, su grado de desarrollo o el coeficiente intelectual del mismo. Estos síntomas irán desapareciendo con la edad en el caso de ausencia de trastorno.
El TDAH puede presentarse de tres formas diferentes: Combinada que es la más frecuente. En esta forma coinciden los tres síntomas mencionados (hiperactividad, inatención e impulsividad) y se relaciona con problemas de conducta; la forma en la que predomina la inatención que se asocia con problemas de ansiedad y de depresión y es más frecuente en niñas; por último, la forma predominantemente hiperactiva-impulsiva, que es la menos diagnosticada.
Las manifestaciones más frecuentes de los síntomas cardinales son: Inatención: Olvidos, interrupción de conversaciones, dificultad para seguir órdenes y terminar tareas, cambios frecuentes de temas, fácil distracción, etc. En el caso de la hiperactividad destaca: Movimiento constante del cuerpo, inquietud, empezar tareas y no terminarlas, habla rápida y excesiva, etc. Para finalizar, en la impulsividad aparece: Respuestas sin pensamiento previo, responder antes de formular la cuestión, dificultad para respetar su turno, etc.
Es habitual en estos niños la dificultad para establecer relaciones sociales, normalmente pretenden imponer sus gustos y decisiones. Según la edad destacan unos signos y/o síntomas: En la edad preescolar predomina la hiperreactividad, inclinación a las rabietas, falta de regulación emocional; en la edad escolar son predominantes la agresividad y la oposición; en la adolescencia la hiperactividad disminuye y puede aparecer baja autoestima y distorsión del concepto de sí mismo.
Trastorno del espectro autista (TEA)
Se trata de una alteración del neurodesarrollo que tiene su inicio en la infancia y que dura toda la vida. Conlleva comportamientos e intereses repetitivos y cambios en las relaciones sociales y en la conducta. La prevalencia es aproximadamente del 1,5%.
Las personas que padecen autismo revelan déficits en las funciones ejecutivas, entendidas estas como aquellas que intervienen en la planificación, solución de problemas, comienzo de tareas o toma de decisiones. Es por ello por lo que aparecerán alteraciones en la flexibilidad, planificación, memoria de trabajo, etc. Son niños que prefieren estar solos, el desarrollo del lenguaje es tardío, existe una disminución de la expresión de sentimientos y emociones.
Los signos y síntomas en la presentación del TEA serán diferentes si este trastorno se acompaña de discapacidad intelectual. Entonces aparecerá, además, deterioro de la psicomotricidad, de la comunicación, del control de esfínteres, falta de adaptación, etc. El autismo precoz infantil descrito por Leo Kanner se caracteriza por la aparición precoz de los síntomas, incluso pudiendo presentarse en el inicio de la vida.
Esquizofrenia
Es un trastorno psicótico que forma parte de los TMG y afecta a la percepción y al pensamiento.
Por lo general, este trastorno aparece cuando se producen cambios en el estilo de vida y se inicia una nueva vida social.
Aunque no es una enfermedad mental común en los niños, se estima que en una tercera parte de las personas que la padecen, tiene su aparición en torno a los cinco años.
Se manifiesta con la presencia de alucinaciones, comportamiento desorganizado, ideas delirantes, pérdida de rendimiento, modificaciones en la personalidad, distorsión de la realidad, pensamiento confuso, cambios bruscos y extremos de ánimo.
Los síntomas de este trastorno suelen clasificarse en positivos, negativos y desorganizados. Los positivos hacen referencia a algo que se añade al normal funcionamiento del individuo y son los delirios, las alucinaciones y los trastornos del pensamiento. Los síntomas negativos se relacionan con las deficiencias manifestadas por el escaso afecto, el aislamiento, la indiferencia y la apatía. Por último, los desorganizados se asocian al lenguaje y el comportamiento desorganizado e incomprensible.
Los síntomas descritos no son específicos de esta enfermedad ni se dan en todos los pacientes que la presentan. La esquizofrenia se caracteriza por la presencia de una gran variabilidad de un individuo a otro y a lo largo del tiempo.
Los estigmas derivados de la esquizofrenia pueden llegar a retrasar su diagnóstico y tratamiento. Este tiempo de demora, posibilita la cuantiosa pérdida neuronal y, por consecuencia, agravamiento de la esquizofrenia. Además, es difícil de diagnosticar ya que los niños están en continuo desarrollo cognitivo y emocional, es por ello por lo que, a veces, los síntomas pasan desapercibidos.
Trastornos afectivo bipolar
Este tipo de trastorno lo presenta más del 1% de la población mundial y afecta, sobre todo, al estado de ánimo. Se inicia a temprana edad, normalmente antes de los 10 años y es crónico.
Se caracteriza por la aparición de síntomas que van de un extremo a otro, de la manía e hipomanía hasta la depresión o una combinación de ambos. Sus efectos tienen consecuencias en el entorno académico, social y familiar.
Existen distintas presentaciones clínicas del trastorno bipolar. Tres de ellas y que muestran los síntomas descritos son las siguientes:
- Trastorno bipolar I: Manía con o sin depresión mayor.
- Trastorno bipolar II: Manía + depresión mayor.
- Trastorno ciclomítico: Hipomanía + síntomas de depresión leves que duran más de dos años.
La mayoría de los pacientes, aunque no todos, que padece este trastorno presenta sentimientos de grandeza y un estado de ánimo elevado. Además, un síntoma muy frecuente en niños y adolescentes con esta patología mental es la irritabilidad. También pueden aparecer afectaciones relacionadas con la cognición y la emoción, así como fluctuaciones en el nivel de energía personal y en el comportamiento. Del trastorno bipolar se deriva un marcado deterioro cognitivo que provoca una reducción en la calidad de vida y un incremento de la mortalidad sobre todo por suicidios.
Trastorno obsesivo compulsivo (TOC)
Este trastorno presenta una prevalencia del 2-4%. Se considera un problema neuropsiquiátrico bastante frecuente que puede aparecer a cualquier edad. En los varones el inicio de los síntomas se produce entre los 5 y 11 años y en las mujeres se hacen visibles en la adolescencia.
La característica principal de este trastorno es la presencia de obsesiones y/o compulsiones que conducen a un deterioro en la realización de las actividades de la vida diaria y que generan un malestar e incapacidad importantes.
El término obsesión deriva del latín “obsessio” y se refiere a la inquietud, la incertidumbre, el deseo que invaden el pensamiento del sujeto y que estos no pueden eliminar, por lo que constituyen un malestar significativo en la persona que lo sufre.
El término compulsión también procede del latín “compellere” y se define como la obligación a hacer algo. Son acciones repetitivas que no se pueden suprimir. Para el que las realiza, estas acciones tienen un objetivo concreto y conducen a un alivio de la tensión del sujeto.
Los síntomas de este trastorno suelen aparecer antes de la pubertad. Se han observado peculiaridades en la presencia de la sintomatología del TOC; una de ellas es que cuanto más joven sea el sujeto que padece este trastorno, mayor probabilidad de manifestar compulsiones sin obsesiones. Es muy frecuente la manifestación de ansiedad que se genera al intentar anular u omitir pensamientos, impulsos o imágenes no deseadas que se repiten con frecuencia.
El TOC se puede presentar junto a otros problemas de salud mental, tales como: Trastorno bipolar, depresión mayor, tentativas de suicidio, ansiedad generalizada, fobia social, etc. Al presentarse este trastorno junto a otros de los mencionados, las consecuencias emocionales, laborales, familiares, etc. son aún peores.
Los síntomas pueden evolucionar hasta llegar a ser graves y producir una gran incapacidad en el niño que se traduzca en un fracaso en el rendimiento escolar.
(Puedes consultar el artículo completo a través del siguiente enlace: Trastornos mentales en la infancia | NPunto)
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