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Factores predisponentes y efectos de los trastornos mentales en la infancia

Publicado el
10/06/2026

Factores predisponentes y efectos de los trastornos mentales en la infancia

Factores predisponentes de los trastornos mentales

Para llegar a conocer el alcance de un determinado problema de salud, mental o no, es fundamental entender el concepto de salud de la OMS (Organización Mundial de la Salud) que incluye a la salud mental y que se puede resumir en el completo estado de bienestar (físico, psíquico y social) y no solo la ausencia de enfermedades, que permite al individuo a realizar las funciones de la vida diaria con total normalidad.

El ser humano debe ser considerado como un ser biopsicosocial, es decir, atender a la esfera biológica, psicológica y social de su entorno. Estos tres aspectos no deben considerarse por separado, si no que se entienden como un todo. Así, se podrá comprender más a fondo la forma de comportamiento y de actuación de una persona.

Durante mucho tiempo, la sociedad ha intentado ocultar la posible aparición de los trastornos mentales en los niños e incluso se le ha restado importancia. Sin embargo, la realidad del asunto es totalmente contraria, ya que la mayoría de los trastornos mentales brotan en el periodo infantil.

La infancia y la adolescencia son etapas de la vida que presentan gran vulnerabilidad y resistir a experiencias traumáticas o situaciones vitales estresantes se convierte en una tarea difícil, especialmente porque en estas etapas tempranas, los niños y los adolescentes carecen de los recursos suficientes para afrontarlas. Por ello, contar con profesionales cualificados a través de un experto universitario en atención temprana infantil resulta crucial para identificar estas carencias a tiempo.

Es inevitable señalar que numerosos factores que emanan del entorno familiar son una posibilidad más que clara de las alteraciones conductuales o emocionales que puede presentar un niño. La disfunción familiar, la interrupción de la relación entre padres e hijos y los conflictos entre los padres en presencia de los hijos, suponen un riesgo para el desarrollo emocional y social de los niños, así como, al contrario, la presencia de un trastorno mental infantil supone una alteración en la vida de los padres.

En torno al 90% del cerebro humano se desarrolla en los primeros cinco años de vida, es decir, en el periodo infantil. Este desarrollo no solo está marcado por los factores genéticos, sino que también se incluyen las vivencias que tienen lugar desde el nacimiento. Cuando estas vivencias son profundamente negativas, se puede desencadenar un proceso de estrés tóxico que afecta al desarrollo cerebral en niños, alterando sus conexiones neuronales.

Según ciertos estudios realizados en el servicio de Psiquiatría Infantil del Hospital Pediátrico provincial docente Mártires de las Tunas, se puede resumir que, la disfunción familiar supone el mayor porcentaje en cuanto a los factores predisponentes se refiere, seguido de los antecedentes familiares de trastornos mentales, el estrés, la baja autoestima, el acoso, la desintegración de la familia y los conflictos que se producen entre los miembros de la misma.

Los factores genéticos y los antecedentes familiares pueden afectar en la aparición de trastornos mentales infantiles por presentar un gran número de condiciones que conllevan riesgos ambientales, así como su propio nombre indica, genéticos. De igual forma, la manera en la que los padres o los progenitores educan a los niños puede llevar a la aparición de estos trastornos, en aquellos casos en los que se transmiten miedos específicos o se lleva a cabo una sobreprotección o un estilo de educación excesivamente disciplinario.

Dentro de estos factores predisponentes también podemos encontrar el temperamento del niño. En fases posteriores del desarrollo infantil, la inhibición del comportamiento y la timidez, entre otros, aumentan la probabilidad de presentar trastornos mentales, y más concretamente la aparición de los trastornos de ansiedad.

Además de los factores comentados, la vivencia de situaciones estresantes tales como conflictos familiares, escolares, en las relaciones sociales, la pérdida de un ser querido e incluso el cambio de domicilio o de centro educativo, pueden desencadenar o mantener desajustes en el niño que conducen a los trastornos mentales. 

El riesgo de padecer un determinado trastorno mental también puede ser desencadenado por otro tipo de factores como: Bajo peso al nacer, exposición intrauterina a sustancias nocivas tales como el tabaco, el alcohol, etc., escasa estimulación del niño, clase social baja, déficits nutricionales, mutaciones genéticas, alteraciones cromosómicas, maltrato, entre otros muchos.

Efectos de los trastornos mentales en la infancia

La salud mental puede considerarse como la gran olvidada en el sistema sanitario.

Al considerar los trastornos mentales como un tema tabú, existe falta de información y los prejuicios y/o estigmas existentes en la sociedad en relación a este tema, hacen que las personas que presentan alteraciones en la salud mental se consideren violentas, raras, etc.

Además, la ausencia de diagnóstico y, por tanto, de tratamiento ocasiona serias repercusiones en el niño, conforme avanza en edad, en el adolescente y, por último, en el adulto. Estas repercusiones están relacionadas con la reducción de las posibilidades educativas y, a su vez, profesionales, y generan elevados costes para la familia y la sociedad. Al mismo tiempo, en etapas del desarrollo avanzadas, ocasiona un menor índice de empleo y, por consiguiente, de ingresos, problemas de pareja e incremento de patologías físicas (anorexia nerviosa, bulimia, obesidad, trastornos de la piel, etc) que disminuyen la esperanza de vida.

La aparición de trastornos mentales reduce la capacidad funcional de la persona a través del impacto que estos tienen sobre las relaciones interpersonales, familiares y académicas, suponiendo, además, un detrimento de su independencia y autoestima.

No obstante, los trastornos mentales no solo causan desorden en la vida de los niños, sino que al mismo tiempo desorganizan la vida de los padres, ya que también supone para ellos un afrontamiento de la nueva realidad, una realidad que conlleva el aprendizaje de nueva información, así como una mayor prestación de atención y tiempo al niño.

En la mayoría de los casos, el reconocimiento de un diagnóstico de patología mental es una tarea bastante complicada, sobre todo en aquellos niños que todavía no son capaces de comprender información, por ejemplo, los niños que se encuentran en la primera infancia, por lo que todo el peso recae sobre los padres o cuidadores principales. Esto es un hecho que, desgraciadamente, se intenta ocultar por la cantidad de prejuicios y estigmas que conlleva para la sociedad.

Además, los niños que padecen trastornos mentales cumplen los criterios primarios de vulnerabilidad, dado que pueden sufrir discriminación e incluso abuso o bullying en el ámbito escolar, lo que supone un riesgo añadido de complicación del trastorno mental existente.

Quizás, la peor consecuencia de la aparición de trastornos mentales en cualquier etapa del desarrollo, pero más específicamente en la infancia, es su cronicidad, es decir, su permanencia en el tiempo y la afectación que conlleva a todos y cada uno de los aspectos de la vida de la persona, aunque bien es cierto que pueden llegar a controlarse con las terapias adecuadas.

(Puedes consultar el artículo completo a través del siguiente enlace: Trastornos mentales en la infancia | NPunto)

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Miriam Díaz Revuelta

Miriam Díaz Revuelta

Enfermera

Miriam Díaz es graduada en enfermería, con formación especializada en urgencias y emergencias, así como en cuidados neonatales. Cuenta con experiencia en diferentes ámbitos asistenciales, incluyendo quirófano, atención geriátrica, atención p…


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