30/07/2026

Tratamiento de los trastornos mentales
El tratamiento de cualquier patología y, en este caso de los trastornos mentales, debe ser individualizado y adaptado al individuo que lo padece, pues cada uno presenta una gravedad, intensidad y frecuencia diferente.
La detección precoz y la rápida puesta en marcha de un programa de intervención temprana es fundamental para la evolución satisfactoria del niño.
Los niños forman parte de la población vulnerable, por este motivo se deben evitar los ingresos hospitalarios y las soluciones crónicas para problemas agudos.
Por las razones comentadas a lo largo de la elaboración de esta tesina relacionadas con el gran estigma y rechazo que supone el diagnóstico de una enfermedad mental, asistir al psicólogo resulta difícil.
Las enfermedades que impactan sobre la salud mental generan en el paciente diversas preguntas que, a veces, no es posible encontrarles respuestas, tales como: ¿Por qué a mí?; ¿Qué he hecho para merecer esto? e incluso pueden provocar la recaída constante y abandono del tratamiento.
Generalmente, las personas diagnosticadas de una patología mental comienzan la terapia con tratamiento farmacológico (psiquiatría) con el objetivo de estabilizar la consciencia del paciente. Sin embargo, el tratamiento no solo es farmacológico. Existen varias evidencias que afirman que la psicoterapia suele ser el tratamiento de elección, aunque este conlleva el apoyo farmacológico, sobre todo cuando la ansiedad alcanza unos valores elevados, los síntomas provocan un gran impacto en la vida del paciente, existe comorbilidad y/o la respuesta a la psicoterapia no es suficiente.
La psicoterapia es aquella técnica que emplea el profesional sanitario en el campo de la psicología con el fin de superar las dificultades, ayudar a lograr la estabilidad mental y la adaptación del paciente a la nueva situación. Existen varios enfoques y técnicas que se adecuarán según cada caso. En el supuesto del apoyo psicoterapéutico, la terapia cognitivo-conductual se considera la de elección y se basa en los principios y los procesos que guían la conducta anormal y que sigue disciplinas científicas de la psicología como la psicopatología, la psicología cognitiva y la psicología del aprendizaje.
La terapia cognitivo-conductual, como su propio nombre indica, se puede dividir, por un lado, en la terapia cognitiva, que se basa en la determinación y el entendimiento de los esquemas mentales que el paciente presenta y que dan un concepto de sí mismo y del mundo que le rodea; y por otro lado en la terapia conductual que es aquella que se centra en la conducta externa y en los procesos del aprendizaje. Esta terapia pretende conseguir que el paciente exprese las interpretaciones sobre su enfermedad, que la entienda y, sobre todo y lo más difícil, que la acepte, ayudándolo a establecer una serie de objetivos y presentarle las técnicas que puede llevar a cabo para conseguirlos y así, reducir el malestar que provoca el trastorno mental.
Sin embargo, debemos recordar que el diagnóstico de una enfermedad mental no solo afecta al paciente, sino que también afecta a los que lo rodean. Por ello, esta terapia mencionada en el párrafo anterior ofrece psicoeducación para las familias o cuidadores del paciente, que posibilita la comprensión y el manejo de la enfermedad, así como de la persona que la padece. Presenta una guía que contiene los factores que agravan o mejoran el pronóstico, ayudando así a conseguir la estabilidad emocional por la disminución de la carga y el estrés propio de la familia.
En cualquier tratamiento, pero aún más si cabe, en las enfermedades mentales, es necesaria una buena relación entre el personal sanitario y el paciente, que le permita a este último expresarse de forma libre sin el temor a ser juzgado o rechazado.
El tratamiento puede ser distinto para cada trastorno mental; sin embargo, hay ciertas evidencias que muestran que pueden tener bases comunes, por ejemplo, para la ansiedad, la somatización y la depresión. En estos trastornos, además de la terapia cognitivo-conductual, los Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISRS) presentan efectos beneficiosos. Además de los ISRS, los fármacos más utilizados son los antipsicóticos típicos, estimulantes y/o no estimulantes, benzodiacepinas, antidepresivos tricíclicos, estabilizadores del ánimo, etc.
Ciertos estudios de genética identifican proteínas que intervienen en la transmisión cerebral disfuncional, haciendo referencia a las personas que presentan TEA: La oxitocina es la más estudiada y, por los estudios realizados, la que mayores efectos beneficiosos proporciona en la paliación de los síntomas relacionados con este trastorno. Es un neuropéptido que se genera en el hipotálamo y que, aunque actualmente no es una opción terapéutica recomendable por su vida media muy corta, con la administración intranasal, se ha demostrado una mejora en el reconocimiento de expresiones faciales, en la cognición social, etc.
En niños menores de 5 años se recomienda involucrar más activamente a los padres en el tratamiento, a través del aporte de información sobre el trastorno mental diagnosticado, enseñando a responder a las conductas tanto adecuadas como inadecuadas, en cualquier entorno, incluyendo el entorno familiar y el público e incluso poder llegar a la anticipación de problemas de conducta. También es necesario realizar una adaptación del entorno para favorecer la adaptación del niño a su nueva vida y minimizar así el impacto que la enfermedad conlleva en ella. Estas adaptaciones serán específicas para cada niño en función a sus necesidades.
En niños mayores de 5 años está indicado el uso de la terapia conductual. Esta terapia consiste en aumentar las conductas deseadas y disminuir aquellas no deseadas. Se centra en las habilidades sociales, de escucha activa, resolución de problemas, control de las emociones, etc.
Ante el empeoramiento brusco de la conducta del niño, se debe hacer una evaluación de la existencia de una comorbilidad asociada.
Debido a los efectos secundarios de los fármacos, en el caso de los niños, se debe realizar su introducción de forma progresiva, iniciando la administración de un solo fármaco.
El profesional sanitario deberá controlar la respuesta del organismo al fármaco de elección, con la finalidad de maximizar la efectividad evitando la plurifarmacología.
Asimismo, los padres deben conocer los posibles efectos derivados de la toma de los fármacos. Es importante evitar el inicio del tratamiento farmacológico durante periodos de cambio de vida de los niños, situaciones de elevado estrés o de comorbilidad que requieren un abordaje distinto al tratamiento farmacológico.
Estrategias de prevención de los trastornos mentales infantiles
En el ámbito sanitario, la Atención Primaria de Salud (APS) puede ser considerada como el ámbito ideal para abordar de forma preventiva y/o precoz los trastornos mentales y/o los conflictos psicosociales.
Esta consideración se puede resumir a través de 2 razones fundamentales. En primer lugar, es debido a que la APS es el dispositivo de salud más frecuentado por la ciudadanía, y más concretamente por los pacientes que padecen trastornos de salud mental. Y, en segundo lugar, porque la Atención Primaria es capaz de llevar una seguimiento y evolución de los pacientes, disminuyendo así los riesgos de aparición de TMG y sus complicaciones derivadas.
La APS no solo se compone de médicos, sino que su equipo de profesionales sanitarios está compuesto por médicos, enfermeros e incluso trabajadores sociales. Todos ellos desempeñan un papel muy importante en la prevención de los trastornos mentales y en la promoción de la salud, en este caso, la salud mental. La accesibilidad de la APS con servicios sociales y dispositivos especializados facilitan el diagnóstico precoz de estos pacientes.
A lo largo de la tesina se describe que el ser humano es un ser “biopsicosocial”; por tanto, en el abordaje de cualquier problema de salud y, más concretamente por el tema, problemas que afectan a la salud mental, se deben considerar todos los aspectos (biológico, psicológico y social) que influyen en la vida del ser humano como un todo, integrando una visión holística, alcanzando así también una asistencia sanitaria de calidad.
Cuando se habla de prevención se deben distinguir tres niveles (definidos por Caplan en el año 1964) y aplicándolo al tema en cuestión de la salud mental:
- Prevención primaria: Encaminada a reducir la aparición de casos nuevos de trastornos mentales.
- Prevención secundaria: Persigue disminuir la prevalencia, es decir, disminuir la tasa de los casos que ya se han detectado.
- Prevención terciaria: Dirigida a disminuir el impacto que provoca un problema de salud mental.
Además, Gordon en 1987 estableció otra forma de clasificación de la prevención basada en los costes y los beneficios de una intervención:
- Universal: Dirigida a cualquier persona.
- Selectiva: Encaminada a aquellas personas que presentaban un riesgo de padecer un trastorno mental.
- Indicada: Se refiere a estrategias destinadas a individuos asintomáticos pero considerados de riesgo elevado.
Prevención de los factores predisponentes más frecuentes que desencadenan la aparición de trastornos mentales
Desintegración familiar
La familia es la base de la sociedad y, más aún si cabe, de los niños, pues los familiares (madre, padre, progenitor, etc.) son los que proporcionan la educación y todos los cuidados desde que el niño nace hasta que adquiere cierta independencia y puede llevar a cabo su autocuidado.
Dentro de este factor de desintegración se incluye: El vacío de uno de los dos padres, la separación de los mismos, etc. Estos influyen muy negativamente en el desarrollo del niño, afectando sobre todo a su desarrollo emocional y al comportamiento, incluso pueden llegar a experimentar el sentimiento de culpa por lo que ocurre en su casa.
El matrimonio o la pareja tienen dos tipos de vínculos: El conyugal, en el que debe primar el respeto y el apoyo; y el parental, basado en el cuidado y la compañía de los hijos durante su desarrollo.
Existen varios tipos de familia que se pueden clasificar según la actitud que los padres adoptan frente a los hijos:
- Familia autoritaria o rígida: En ella, los padres o progenitores actúan siempre de la misma manera, tratando siempre a los niños como niños, tienden a controlar su comportamiento y no aceptan los cambios que experimentan con el paso del tiempo.
- Familia permisiva: Se produce todo lo contrario a la familia anteriormente descrita. En este caso, existe una pérdida del rol que desempeña cada miembro de la familia, pudiendo llegar al caso de que sean los niños quienes ejerzan dominio sobre los padres.
- Familia centrada en los hijos: Como su propio nombre indica, los niños son el centro de todo el núcleo familiar, llenando todo el tiempo y el espacio posible. No existe comunicación sobre la pareja.
- Familia sobreprotectora: Se caracteriza porque los padres ejercen una protección desmesurada sobre los hijos, lo que conlleva a un retraso en la independencia y el desarrollo de estos últimos.
- Familia democrática: Prevalece el respeto, la confianza y la atención en los hijos. Los padres corrigen las actuaciones de los hijos cuando es necesario.
- Familia estable: Cada miembro de la familia lleva a cabo su rol. Al igual que en la familia democrática, se refleja el respeto, el amor y la confianza.
- Familia inestable: No se establecen objetivos comunes; por lo tanto, no se consigue la unificación de la familia. Esto provoca una inadecuada educación y cuidados de los hijos.
Sin embargo, las familias también pueden ser clasificadas según su estructura:
- Familia adoptiva: Se caracteriza por la ausencia de relación biológica con, al menos, uno de los hijos. Este tipo de familia puede provocar graves desequilibrios en los niños una vez avanzan en edad y en el momento en el que conocen que son adoptados. Es entonces cuando surgen preguntas tales como: ¿Dónde están mis padres? ¿Por qué estuve en adopción? ¿No me querían?
- Familia monoparental: Existe un solo progenitor. Como ya se ha mencionado al inicio del desarrollo de este factor de desintegración familiar, el vacío de uno de los padres se convierte en un factor de riesgo del desarrollo de una conducta anormal.
- Familia reconstituida: Está compuesta por una pareja adulta caracterizada porque uno de los cónyuges, o los dos, tiene un hijo de relaciones anteriores. Esta situación conlleva un periodo de adaptación a los cuantiosos cambios que se producen en poco tiempo.
- Familia homoparental: Formada por una pareja del mismo sexo. Esto puede suponer alteraciones en la salud mental de los niños al no entender “por qué” su familia es “diferente” a la del resto de niños.
El desequilibrio, la falta de estabilidad y la irritabilidad en el núcleo familiar provoca graves descompensaciones en la salud mental infantil.
En estas situaciones de desintegración familiar, resulta de ayuda la figura del terapeuta familiar, el cual ayuda a llevar a cabo un desarrollo natural de los miembros que componen la familia con el fin de prevenir la gravedad del impacto que provoca dicha desintegración. Además, será de gran utilidad el hacer reflexionar a la familia para que sepan responder a cuáles son los desencadenantes que provocan la desintegración familiar, y evitar así que busquen culpables de dicha situación, ya que generalmente los más afectados son los hijos.
Generalmente, los factores que contribuyen a la desintegración familiar son: Económicos, afectivos (ausencia o escasez de amor e inadecuada comunicación), sociales (machismo o abuso de sustancias nocivas como el alcohol), culturales (bajo nivel social) y la religión (distinta religión en la pareja).
Se puede comprobar que estos factores no son propios del niño, pero le afecta directamente.
Disfunción familiar
La disfunción familiar no se centra en la ausencia de problemas dentro de la familia, sino que hace referencia a la ausencia de respuesta o respuesta ineficaz ante los problemas y a la adaptación a las nuevas situaciones.. Por tanto, podríamos concretar que las características de una familia funcional son: Capacidad de adaptación, participación, desarrollo normal, presencia de afectividad y capacidad de resolución de problemas.
Como ya se ha comentado a lo largo del desarrollo de la tesina, la aparición de problemas de salud mental en niños conlleva en la mayoría de las ocasiones a su permanencia en el adulto. De igual forma, los factores desencadenantes de problemas en la salud mental pueden tener el mismo curso.
La disfunción familiar aumenta el riesgo de adicción a internet en cualquier etapa del desarrollo y de consumo de sustancias tóxicas y nocivas en los adolescentes, y esto, a su vez, provocar consecuencias a largo plazo como la dependencia al alcohol, el consumo de otras drogas, la afectación y aparición de patologías en algunos órganos como el hígado, el páncreas, etc., la práctica de conductas de riesgo como la conducción bajo los efectos del alcohol y/o el sexo sin protección, que a su vez esta última, incrementa el riesgo de contraer Infecciones de Transmisión Sexual (ITS).
El personal de enfermería tiene un papel muy importante en estos casos de disfunción familiar, pues tiene la posibilidad de llevar a cabo distintas intervenciones centradas en la familia y de establecer objetivos a alcanzar con estas intervenciones, relacionados con el alcance de estrategias que permitan el adecuado funcionamiento familiar. Asimismo, interviene en la promoción de la salud y la prevención del consumo de alcohol. En el caso de que ya exista el consumo de alcohol, podrá establecer otras intervenciones para la deshabituación alcohólica.
Baja autoestima
La autoestima se conoce como la capacidad para evaluar (de forma positiva o negativa) la percepción sobre uno mismo haciendo referencia a la información propia y a la que proporcionan los que están a su alrededor.
La autoestima debe considerarse como uno de los elementos fundamentales para el adecuado desarrollo de nuestra vida y, sobre todo, de nuestra salud mental. Esta se refleja en los pensamientos, las actitudes y los sentimientos.
Al hablar de la autoestima, se identifican una serie de dimensiones: Física (sentirse atractivos, fuertes, etc.), social (sentirse aceptados y capaces de establecer relaciones con los demás), afectiva (incluye las características de la personalidad: Simpáticos, tímidos, tranquilos, con buen carácter, etc.), académica (capacidad de rendimiento escolar y capacidad intelectual) y ética (sentirse buenas personas, responsables, etc.)
Existen 2 tipos de autoestima:
- Autoestima alta: La persona está segura de sí misma, cree en sus principios y en sus valores y está dispuesta a defenderlos. Confía en su propio razonamiento y en su potencial para resolver problemas. Estas personas están alertas a las necesidades de los demás, se aceptan tal y como son y se consideran altamente valiosas.
- Autoestima baja: Totalmente contraria a la autoestima alta. Estas personas muestran un rechazo y un desprecio a sí mismos, son muy vulnerables a las críticas de los demás, tienden al perfeccionismo y a la acusación propia, exagerando la dimensión de sus errores; no se atreven a decir que no a los demás por miedo a la crítica y a la opinión externa, y son altamente hostiles.
Todo esto genera negativismo, insatisfacción con la vida, bajo rendimiento académico, afectación a las relaciones sociales, etc.
A temprana edad, siendo niños, es el momento en el que comienzan a forjarse el autoconcepto, las emociones, los sentimientos… y deben desarrollarse de forma adecuada, ya que servirán de base para el futuro, es decir, prevalecerán en el tiempo.
Entre otras, algunas de las estrategias que pueden seguir los padres y/o progenitores para favorecer la autoestima del niño, evitar el bajo nivel de esta y con ello los problemas de salud mental son:
- Aceptarlos tal y como son.
- Valorar positivamente sus capacidades.
- Evitar exigirles más de lo que pueden realizar, pues esto crea frustración en el niño.
- Posibilitar la resolución de problemas por ellos mismos.
- Tratarlos con respeto.
- Llevar a cabo refuerzos positivos por las metas alcanzadas.
- Proporcionar una escucha activa a los niños.
Acoso
El acoso o también llamado como “bullying” es una conducta persistente de intimidación física y/o psicológica que causa importantes desajustes en la vida de cualquier persona que lo sufre, y en el contexto de la tesina, los niños.
Las características del acoso son las siguientes: Desigualdad entre acosador y víctima (abuso de poder), intencionalidad (deseo de provocar un daño), duradero en el tiempo, el entorno suele guardar silencio, por tanto, dificulta todavía más la detección y varía según la situación, desde el desprecio a la agresión.
Desgraciadamente, el acoso es un tema de actualidad y la etapa infantil es la más vulnerable a esta conducta negativa. Además, el mal uso de las tecnologías ha dado lugar a la aparición del “ciberbullying” en el que, a través del anonimato, se produce acoso por las redes sociales.
En cualquiera de sus dimensiones (verbal, física, psicológica, social y sexual) el acoso genera una grave afectación de la autoestima de la víctima, traumas, reduciendo el rendimiento académico y propiciando la aparición de trastornos mentales por la vivencia de experiencias muy negativas.
La detección precoz será fundamental para evitar que se produzcan consecuencias irreparables derivadas de esta conducta de acoso. Para ello, se deberán conocer los signos de alarma y no restar importancia a los avisos. Asimismo, como estrategias de prevención se encuentran: La instauración de normas de comportamiento, la supervisión y corrección de conductas, la sensibilización en el tema a través de la lectura de cuentos a los niños y la instrucción en buenos valores.
Los niños que presentan algún tipo de discapacidad, ya sea física, psíquica o relacionada con los sentidos, tienen un mayor índice de sufrir acoso en el ambiente escolar. Por ello, se debe realizar una integración social de manera adecuada, intentando establecer relaciones sociales y dando a conocer a los niños que todos somos iguales y, además, se debe brindar un ambiente seguro y dirigido a las necesidades especiales de estos niños con discapacidad.
Estrés
El estrés aparece como respuesta a situaciones que no se pueden controlar y que requieren cambios en el entorno o en uno mismo y puede estar presente en cualquier grupo de edad.
Cierto grado de estrés sirve como estímulo y ayuda al organismo a alcanzar las metas propuestas y una vez conseguidas, vuelve a la normalidad. Por ejemplo, cuando se aproxima la fecha de un examen, en los últimos días aumenta el tiempo de estudio. Esto genera un estrés con el fin de conseguir aprobar el examen. Una vez que finaliza el examen, el organismo regresa a su estado original.
Este estrés se puede conocer también como estrés positivo. El estrés negativo se produce cuando se sobrepasan las capacidades del individuo y se produce un agotamiento físico y mental.
La infancia, como ya se ha mencionado en ocasiones anteriores, es una etapa muy vulnerable y caracterizada por numerosos cambios. En los niños, el estrés puede presentarse en cualquier circunstancia que conlleve una nueva adaptación; por ejemplo, el aumento de la familia por el nacimiento de un nuevo miembro (hermanos), fallecimiento de algún familiar, divorcio, demasiada exigencia en el colegio o en el ambiente familiar, el cambio de hogar, cambio de escuela e incluso el debut de una enfermedad como, por ejemplo, la diabetes. Además, los factores que forman parte de la predisposición de aparición de los trastornos mentales también son condicionantes a la aparición del estrés, como: El acoso, la disfunción y la desintegración familiares.
El estrés infantil presenta una sintomatología diferente al estrés en los adultos debido a la inmadurez emocional, conductual y cognitiva. Esto hace que se produzca un impacto negativo a nivel educativo, familiar y social en cuanto a las relaciones se refiere. Los síntomas más comunes son: Alteración del patrón del sueño, pesadillas, cambios emocionales, rendimiento escolar escaso, presencia de preocupaciones y/o miedos, baja interacción con el entorno, alteración del patrón nutricional (bajo apetito), ansiedad, etc.
Con el fin de facilitar la adaptación a las nuevas situaciones, surgen las estrategias de afrontamiento al estrés, conocidas como pensamientos o actos que permiten a las personas el enfrentamiento a las nuevas exigencias que plantea el entorno. El resultado de llevar a cabo dichas estrategias puede ser positivo o negativo. En el supuesto del resultado positivo, se alcanza una solución activa y productiva; sin embargo, cuando es negativo, da lugar a la evitación del problema y a la conducta agresiva.
Algunas de las estrategias de afrontamiento que se pueden aplicar en situaciones de estrés infantil pueden ser:
- Fomentar la comunicación: Intentar que el niño muestre cómo se siente y cuál o cuáles son sus preocupaciones.
- No ocultar y no restar importancia a los problemas que expresa el niño.
- Búsqueda de información por parte de los padres.
- Asistencia a profesionales sanitarios.
- Transmitir a los niños una actitud positiva, tranquilidad y empatía.
- Centrarse en resolver el problema.
- Proponer juegos que permitan evadir el problema.
- Evitar situaciones que aumenten la tensión.
Además, un ambiente familiar armonioso en el que exista afectividad y apoyo, facilitará la superación y adaptación con éxito de las situaciones estresantes.
Tras proponer algunas estrategias de prevención específicas para ciertos factores predisponentes de los trastornos mentales, es necesario destacar una terapia muy usada actualmente. Se trata del “Mindfulness” que traducido significa “Atención Plena”. Esta terapia ha sido introducida en intervenciones psicosociales, unida a la Terapia Conductual Dialéctica (DBT por sus siglas en inglés: Dialectial Behaviour Therapy), la terapia de aceptación y compromiso, la terapia cognitiva y la teoría de Reducción del Estrés (MBSR por sus siglas en inglés: Mindfulness Based Stress Reduction). Estas dos últimas están basadas en el mindfulness.
Esta terapia proporciona al individuo la capacidad de distanciarse de sus propias creencias, pensamientos y prestar atención a la experiencia segundo a segundo. Puede ser utilizada tanto en la prevención como en el tratamiento de numerosos trastornos mentales, entre ellos se encuentran los trastornos de ansiedad, del estado de ánimo, alimentarios e incluso los elevados niveles de estrés y el dolor. Las intervenciones de mindfulness actúan sobre los síntomas conductuales y emocionales en niños y adolescentes. Aunque se necesitan más estudios que garanticen el efecto en la población, el mindfulness puede ayudar a desarrollar de forma positiva la resiliencia, así como el tratamiento de la psicopatología en niños que padecen trastornos mentales.
Otra de las formas de prevenir la existencia de patologías relacionadas con la salud mental es mantener una buena nutrición. Cada vez más estudios relacionan una dieta con déficits de nutrientes o de baja calidad con la aparición de ansiedad, depresión, trastornos de conducta y emocionales. Por ejemplo, la dieta pobre en ácidos grasos omega-3 se relaciona con la hiperactividad, problemas conductuales y trastornos del aprendizaje. Asimismo, la práctica de ejercicio y escuchar música disminuyen los niveles de estrés, ansiedad y depresión y con ello la posibilidad de desarrollo de trastornos mentales.
(Puedes consultar el artículo completo a través del siguiente enlace: Trastornos mentales en la infancia | NPunto)
Miriam cursó con nostros el:
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